viernes, 8 de agosto de 2008

El cine no es para ilusos

Hoy fui al cine a ver “High School musical, el desafío”. La verdad que creí que iba a ser una huevada terrible, fui medio resignada porque me causaba un poco de curiosidad. La película resultó buena, hasta podría decir que es mejor que la versión yanqui. El caso es que me dejó con una sensación de angustia, por un lado… porque en esa película, como en muchas otras, la nerd se codea con los populares, tiene al chico lindo atrás suyo y gana un concurso de talento. Talento escondido que de pronto le interesa a todo el mundo… de repente la chica que debería ser espástica y torpe baila como una diosa. Y una vez más siento que esa clase de películas nos boludean a los ingenuos masoquistas, nos pintan un mundo color de rosa para que mostrar nuestra cara al mundo sea cada vez más difícil haciéndonos creer que siendo nosotros mismos lograremos que las cosas nos funcionen. Obviamente no es así, a nadie le interesa que una traga libros mueva el esqueleto y cante angelicalmente… Lo que más bronca me da es que te lo pintan todo como en la realidad (al menos en esta versión de la película), hasta la piba propia se considera un ratoncito de laboratorio, se angustia, se encierra en la biblioteca a llorar… pero siempre se esfuerza y triunfa, consigue amigos geniales, su vida es dichosa y hasta es más linda que antes (o por ahí simplemente es considerada más linda, tal vez siempre lo fue y nunca fue reconocida).
Lo mismo sucede con otros éxitos de Hollywood pero que tienen que ver con el amor. Te muestran el romance perfecto, como Elizabeth Benett encuentra en Darcy al compañero de su vida, o la gordita de hairspray hace dupla con el “bombón” del show, y así puedo seguir con tantos ejemplos. Los pelotudos que todavía creen en que existen los vampiros o la magia siempre salen perdiendo, salen frustrados, en realidad se frustran después, cuando descubren que es todo imaginación, que detrás de las bambalinas los actores se acostaban un par de veces, se casaban y se divorciaban a los dos segundos. Yo soy una de ellas, por supuesto.
Todo esto también suele provocar mucho inconformismo, muchas ganas de “vivir en París porque ahí tengo más posibilidades”, “vivir en esa época que la gente era tímida como yo”, “estar en la edad moderna donde usaban vestidos enormes y vivían en castillos como cuentos de hadas hechos realidad”. Nunca hay una aceptación, un clima perfecto, siempre un fallo que hace que el amor no se nos presente (y probablemente es un fallo nuestro que estamos con tan poca expectativa que arruinamos todo). Y hay que agregar que jamás visualizamos las contras de esos lugares: si vivieras en París no podrías bañarte todos los días, en esa época solo podrías haber llegado a tomarle la mano o en la edad moderna te hubieras muerto a los 25 y casado por conveniencia. Estas razones no bastan, no son suficientes, la queja, esa amiga, está presente siempre en la punta de nuestra lengua filosa y en cada lágrima saladita que lloramos.
Como conclusión podríamos decir que ninguna película es para nosotros si nos ilusionamos de tal manera. El cine no nos corresponde porque nos angustiará la nefasta desilusión posterior. Ya deberíamos haber aprendido que la vida real, la que nos toca enfrentar día a día es tan diaria (justamente) que a nadie le interesa verla, ni en pantalla grande, ni en formato de libro ni tampoco en obras de teatro y por eso se utilizan esas tramas utópicas, para ver el mundo con otra lente, intentar imaginar qué pasaría si de pronto Willy Wonka nos vendiera dulces o si un matrimonio fuera casi perfecto… esas cosas que nunca se verán en vivo y en directo. No se… yo todavía espero abrir un chocolate y encontrarme el billete dorado para comer dulces y salir rodando de la fábrica.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Pacto mortal

Dedicado a él.



Desde ese primer momento, el momento en el cual te dedique un cofre de sentimientos, un espacio enorme en mi mente, un lugar aún más grande en mi corazón, varios suspiros, llantos, risas, sonrisas…. Ese fue el momento en el que hice el pacto que me va a mandar a la ruina. Un pacto invisible, impronunciable, poco importante, poco importante para otros pero vital para mi. Prometí por todas las estrellas, la luna, el sol, tu pelo, tus ojos, mi vida… prometí con fuerza y desde adentro no amar a nadie más. Prometí esto y mucho más, aunque sabía que no obtendría nada a cambio. Me condenaste, nada es lo suficientemente bueno para mí ahora. Nada te supera, tu belleza es infinita. Y ese pacto del cual hablé, está en vigencia, pero no significa nada para nadie. Soy tan idiota que espero sentada en la puerta, aunque se que nadie me va a abrir, y puede llegar el invierno más crudo, el otoño más lluvioso, el verano más agotador, se que siempre estaré esperando, sin respuesta, pidiéndote por favor una ayuda que no me vas a brindar. Estoy consiente de esto, sin embargo… no pasa un día en el cuál no piense en tu rostro jovial, tu alegría contagiosa, tu inteligencia escondida. Y también se de tus defectos, se de las cosas que sos capaz de hacerme para deshacerte de mi. Estoy tan consiente que da miedo, pero más asusta el hecho de que nada me aleje de tu lado. Más asusta el hecho de que pueda subsistir sabiendo que mi vida no tiene ningún sentido, porque la razón de esta existencia es como una rosa sin pétalos, llena de espinas que se entierran en la piel, desangrándola, dejando las heridas abiertas para siempre. Una media vida, un rayo de sol en la más oscura noche eterna, la misma rosa representa eso, la desdicha y la dicha, la desesperación y la esperanza. Y si nadie entiende esto, no me importa. Mientras vos la pasas bárbaro, yo sigo acá esperando, buscando la llave abajo del tapete. El hielo que generas en mi contra me cala los huesos… no te importa. A mi tampoco, te sigo amando. Me vas a matar, a asesinar cruelmente y con mi consentimiento. ¿Qué puedo hacer al respecto? No podría correr, alejarme… ya lo intenté y fracasé. Solo te pido que dejes que te ame, aunque te moleste este sentimiento que tengo, no puedo simplemente dejarlo escondido en algún lugar, es omnipresente. Solo te pido un refugio de la tormenta que vos mismo generas. Una respuesta, algo que me ayude a sanar, a romper el maldito pacto.

martes, 5 de agosto de 2008

Carta de presentación

¡¡¡Hola!!! Me llamo Sofía, tengo 15 años y soy de Buenos Aires, Argentina. Uno de mis tantos sueños es ser escritora o columnista, o algo... y estoy aca para que ustedes me juzguen: me pongan en un altar o me quemen en la hoguera. Intenté muchas veces mantener un blog pero nunca lo logré... siempre me rendí en algún momento. Espero que esta vez sea la excepción. Mi banda preferida es británica y se hace llamar Keane. Cargo con el trauma de que la gente de mi edad no haya oído de ella o le parezca una basura... no importa, yo sigo adelante. Ese trauma también se plasma cuando me toca hablar con dichas personas, ya que dialogo mejor con alguien de 20 años en adelante. Mi objetivo es dejar una huella, y me gustaría escribir para que escuchen mi opinión, mi sueño platónico es que alguien se sienta tocado por lo que digo, llegar al corazón de aunque sea un ser humano o un ser vivo. Por lo general soy muy alegre en la vida cotidiana, pero si se trata de escribir presento mi bronca o mis penas, a veces mi opinión cruda y las dejo impresas en el word... aunque también podrán encontrar entre mis escritos algunas utopías o expectativas inalcanzables. ¿Qué más? Creo que es solo eso, irán descubriendo mis manías con el tiempo.
 
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