lunes, 30 de abril de 2012

Quisiera ser chiquita para que mi única preocupación fuese escapar de los brazos de mi madre a la hora del baño, y correr y correr y correr alrededor de la mesa y esconderme abajo, haciéndome bolita, o atrás de las cortinas, haciéndome flaquita. Ahora el decoro o la reputación hacen que ponerse dos días la misma remera sea un atrevimiento. Me gustaría volver a aquellos tiempos donde un corazón roto sólo existía en un terreno gráfico y significaba dos curvas que se unían y en el medio una raya zig zag. Poner la fecha con el clima: "El día está soleado" y dibujar un solcito con lentes de sol, una sombrilla y un trago largo encima de una mesa. Armar la casita de las Barbies alrededor de mi cuarto usando todo el espacio disponible. Anhelo la época en la cual tenía un porvenir interesante, donde era pura promesa, entero devenir. Las peleas eran mortales y duraban un día, dos dedos que se separaban y una expresión. No existían necesidades imperiosas ni compromisos impostergables. Estaba libre de mi misma, libre de cualquier regla ortográfica. Podía decir "ojala que esto no se terminó nunca". Todo era ocurrencia, gesto simpático.

"Hay cosas que no deberían cambiar, cosas que uno debería poder meter en una de esas vitrinas de cristal y dejarlas allí tranquilas. Se que es imposible, pero es una pena."   

1 comentario:

Milagros, la androide. dijo...

como extraño mi infancia :c

 
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