jueves, 18 de diciembre de 2008

Final Trágico

Hizo falta un pequeño peligro en alta mar para desatar la imaginación de Rómulo Sincrovich, que soñaba con un final trágico para ser reconocido mundialmente. Rómulo tenía una barba mal recortada, era más bien flacucho, tendría unos cuarenta y tantos años y unos ojos azules como la superficie por la que navegaba el yate. Le comunicó su idea a su amigo, Sergio Solís, que tenía su misma edad pero parecía mucho más viejo, usaba las boinas que usan los ancianitos de barrio y sus ojos demostraban el cansancio de años de trabajo, sabiendo que opinaba todo lo contrario. Esta fue la conversación que mantuvieron antes de que se separaran para siempre:
-¿Te imaginas si el barco ahora se fuera al fondo, con todos nosotros arriba? Sería espléndido… harían una película en nuestra memoria y todo… ¡como a los del Titanic!
-Pero por favor, Rómulo, cerra la boca y no llames a la desgracia… seguro en unos minutos viene el rescate y sale todo bien…
-Callate y dejame soñar, por una vez… si vos querés ser un miserable toda tu vida yo no tengo ganas de correr tu misma suerte…
-Suerte sería que te coma un tiburón así sabes de lo que hablás…
-Mira, para mi hasta acá llegamos, pasamos los mejores ratos pero es nuestra hora, aunque no lo quieras admitir… ¡siempre tan negador vos!
-Y vos siempre tan negativo… como si le dieras la mano a la desdicha para que ella haga lo que quiera con vos.
-¡Nuestra historia llegaría al cine!… un actor musculoso nos representaría y yo sería el valiente… vos serías el pobre amigo opacado…
-No me importa un papel en tu estúpida comedia de humor negro…
-Humor no… todos llorarían nuestra pérdida, el gobierno nos reconocería héroes nacionales, el papa, santos…
-Pero pará, pará un poco… Te voy a decir una sola cosa: Vos sos de esas personas que se pasan su vida arriesgándose sin medir las consecuencias. De los que darían la cabeza por la fama, por un mínimo atisbo de preocupación hacia vos por parte de los demás… pero ¡Mira a tu alrededor! A nadie le importas y nunca le importarás a nadie. Tus intentos vanos te conducirán a la muerte y el que se jode acá sos vos…. Sos vos al final de cuentas… Porque perdés lo más valioso, lo mejor… Es tu vida y nadie más la va a vivir por vos, aprovechala porque muchos quisieran tener una, alargar la que tuvieron. Lo que paso en el Titanic, sin ir más lejos, no es broma… esa gente tenía familia, tenía historia… perdieron todo ¿Viste? Y no nos vamos a morir hoy, hay que tener fé, hombre… Vamos a volver a casa y comer un par de milanesas con papas fritas.
-Y yo te voy a decir una cosa también: Hay dos tipos de personas, las que, como yo, pasan su vida corriendo riesgos innecesarios para tener un final trágico y la gente como vos, que dan aún más vergüenza. La gente como vos, que vive encerrada en un departamentucho y trabaja las 24 horas del día para nada… para un par de papeles que no tienen ningún valor, que te da el gobierno para engañarte, para hacerte creer que tenes mucho cuando en realidad no es así. Tu paso por el mundo es como el de una estrella que vive oculta entre las nubes, mientras que el mío, el de una estrella fugaz a la que miles de niñitos piden deseos y adoran… será fugaz pero tiene mayor peso. Vas a morir consumido en una realidad esclavizante, tu cadáver se va a pudrir y va a ser comido por los gusanos en el parqué de tu falso hogar hasta que el portero sienta el olor a podrido y te saque de ahí. Tu sepulcro va a tener todos los vidrios rotos por piedrecillas que actuaron como proyectiles de adolescentes traviesos. Ninguna leyenda tendrá tu nombre, ninguna calle, ninguna isla. Vos andá a comer milanesas con papas fritas mientras yo consigo la gloria. Estoy harto de las milanesas y las papas fritas, son típicas de las personas que nunca pedirían comida con salmón y salsas raras en un restaurante por miedo a probar cosas nuevas. Prefiero morirme irónicamente, casi eligiendo el momento y el lugar. Porque aún después de la muerte me van a seguir reconociendo como aquel pasajero misterioso que quería otra cosa.
Justo cuando Rómulo había terminado su discurso, llegaron los botes de rescate. Los dos enemigos amigos viajaron cruzados de brazos viendo el horizonte, sin intercambiar palabra.
Al otro día, una noticia salió en cada diario, en cada canal televisivo, en cada emisora radiofónica. Un pasajero rescatado del yate Paraíso había tomado la repentina decisión de arrojarse del bote de rescate sin previo aviso. Los abuelos comentaban que era un lunático y los psicólogos analizaban su situación mental. Al otro día, todo el mundo tiraba los periódicos a la basura. Era noticia vieja. Nadie fue a visitar su sepulcro, sólo se veía, de vez en cuando, a un hombre solitario con boina de abuelito y ojos cansados, llamaba mucho la atención, pues llevaba miles de ramos de flores que dejaba encima de la lápida. Reservaba uno de jazmines para el final de su murmullo que decía las siguientes mentiras:
“Hoy note que había una fila para llegar hasta tu sitio de descanso eterno. Tal vez hayas logrado tu cometido. Desde que te fuiste ceno toda las noches salmón y preparo salsas extravagantes. Busqué otro trabajo, invertí dinero en mí y estoy planeando mi gran final. Nos veremos pronto. Espero que no te parezca miserable mi pequeño ramito de jazmines después de todos estos que gentilmente te regalaron tus admiradores.”

2 comentarios:

ramona dijo...

Soffffffffffffffffff un placer estar con vos durante 3 años
=)

Daniel López dijo...

Sofi:
Muy lindo el cuento, está en un tono realista sumamente interesante. La figura de Rómulo me hizo acordar, en cierta forma, a unos chicos que el año pasado murieron por intentar hacer cosas distintas. Te paso el link de una nota que salió en el diario Crítica que habla de estos chicos, vas a ver que te va a interesar (no para hacer lo mismo):

http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=17217

Saludos y Felicitaciones
Daniel

 
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